miércoles, 6 de enero de 2016

El Reino es de los niños






El Reino es de los niños, aseguran
los doctos en saber y teología.
Concluyen que solo con su alegría
los males de este mundo gris se curan.

Tú tienes esa suerte, la bendita
virtud de la inocencia generosa,
la belleza inconsciente de la rosa,
espléndida y veraz. Nunca marchita.

Sabes mirar la vida desde abajo:
mirada atenta y paso diminuto,
paso a paso sin prisa y sin demora.

Muy bien lo supo Dios cuando te trajo,
que tu risa venía a vencer el luto
y a traer la promesa de la aurora.




viernes, 9 de octubre de 2015

Elogio de las plazas





Allí donde el converso

sufrió el escarnio.

Allí donde la razón

agonizó entre llamas.

Donde el rumor de una sospecha

se erigió en pecado

y donde, al giro del garrote,

tembló la madrugada.


Allí donde elevaron sus consignas

los coroneles.

Allá donde las madres del mundo

se rebelaron.

Allí donde nacieron revoluciones

entre claveles.

Allí donde las rosas

se desplomaron.


Allí donde cantó el poeta

su último verso.

Allí donde el profeta

extrañó su patria.

Donde aquel viejo pueblo

reclamó su historia

y dónde aún se escucha el eco

de una guitarra.


Allí donde siguen bailando nuestros abuelos

en las fotos en sepia de la nostalgia.

Donde nuestros padres intuyeron la vida

desbrozando horizontes, alegando esperanzas.

Allí donde en nuestra juventud nos sorprendió la aurora,

celosa de los besos


que te robaba.












viernes, 18 de septiembre de 2015

Lluvia.



Llueve.

La lluvia me recuerda a ti.

La lluvia, con esa suerte

de irrupción furiosa,

de aparición violenta,

de intromisión furtiva.


La lluvia nos huye y nos confina

al anonimato de la esquina,

al secreto del silencio,

a la penumbra de la plaza.


Bajo la lluvia

solo somos dos manchas de colores,

acuarelas

que se encienden y se funden


en el reflejo del agua.








martes, 15 de septiembre de 2015

La grande bellezza (Elegía de una contemplación)






La noche romana tiñe con su barniz

de silencio sacramental

la historia que exhalan las grietas de la piedra milenaria.

Los pasos se dejan conducir

por la intuición de los jardines y las plazas

que custodian, en celosa intimidad,

el hilo secular de las fontanas.


Su cadencia, su música lejana,

hace retornar la mística primera,

nos devuelve al año, el mes, el punto, el día

en que fue

aquel verano de 1959,

su belleza derramada,

el delirio de Nerón

o la eternidad de Laura que Petrarca nos legó.



Infinitas escalinatas se alzan, ambiciosas, hacia un cielo

que solo besan las cúpulas y estandartes

de la hegemonía cristiana.


La fe arrastra sus mantos púrpuras

por pasadizos y galerías

en cuyas paredes se marchitan

antiguas expresiones eclesiásticas


y el balcón se conmueve al recordar, con nostalgia,

las palabras de la luna en la vigilia del mundo.


Todavía las escucho.

Todavía puedo escucharlas.

Todavía puedo escuchar el amor que se proclama en las periferias de las plazas.


¿Es un sueño, una quimera ilusoria?

Somos nosotros.


Todavía seguirá nuestra juventud bailando, inconsciente y eterna, 

sobre las ruinas de la memoria.








sábado, 5 de septiembre de 2015

Barroca tú









Barroco, me dices con malicia mientras clavas

tu pupila en mi pupila azul.

¿Barroco? ¿Y tú me acusas?


¡Barroca tú!






















lunes, 31 de agosto de 2015

Fronteras






Me gusta la frontera
cuando separa
el fusil de la mano
que lo dispara.


Me gustan las fronteras,
esas que tapian
las conjuras de falsos
reyes y patrias.


Me gusta la frontera,
la que se rinde
si importan más los pueblos
que los países.


Me gusta la frontera
cuando destierra
el llanto de los ojos
de la inocencia.


Me gustan las fronteras
que sobrevuelo
viajando de tu mano
hacia mis sueños.


Me gustan las fronteras
que no resisten
el calor de los besos
que las derriten.




jueves, 27 de agosto de 2015

Hacia lo hondo




Apurando los últimos días de vacaciones antes del regreso a Madrid he ido al cine a disfrutar de la última fantasía animada del tándem Pixar-Disney, a la que la crítica entrona como la mejor película de la productora de animación hasta la fecha.


La historia es una suerte de viaje hacia el interior de una chica que nos muestra el funcionamiento de las emociones como un engranaje que resulta de un coordinado trabajo en equipo entre varios personajes, alegoría de  los principales estados emocionales humanos: alegría, tristeza, miedo, ira y asco.


La  circunstancia habitual de un matrimonio que, junto a su hija, se muda de ciudad por motivos laborales se convierte en toda una aventura en el universo interior de la chica, en el que las emociones  se abren paso en una lucha a favor y en contra de los recuerdos que la empujan a la inercia de la felicidad de la vida pasada.

Esta gestión de los propios recuerdos, que la tristeza asalta frecuentemente para contaminar y oscurecer y que hace despertar también la ira y el asco, se convierte en toda una odisea cuando el miedo acecha y los cimientos de la estabilidad emocional se tambalean al ver la seguridad exterior  amenazada ante una realidad nueva y cambiante.

Avisando a navegantes para no incurrir en spoiler, lo cierto es que Inside out, título probablemente más acertado que la adaptación hispana, Del revés, exhibe, para mí, con inusitada ternura, un par de lecciones de importante valor en el conocimiento y la vivencia de las emociones humanas.

Por un lado, la belleza del camino maravilloso de rescate emprendido por la alegría y la tristeza y que, finalmente, requerirá de la colaboración de los demás personajes nos habla de esa necesidad de integrar y de abrazar lo que a menudo consideramos roto y desagradable y condenamos a la sombra de nuestros pensamientos. Ese viaje, ese regreso, esa reconstrucción,  no puede hacerse sino con la colaboración de la tristeza y de los personajes que hablan del pasado de la pequeña.

Y, por otro, el esfuerzo titánico de la alegría, que abandera la empresa de llegar al centro de Riley para hacerla reintegrar todos sus recuerdos, me devuelve a la idea, tan bellamente acrisolada en la tradición cristiana, y que el Papa Francisco ha recogido en la carta de presentación de su pontificado, de que la alegría trasciende la emoción para convertirse en una actitud, una decisión, una verdadera opción de vida que hemos de renovar y restaurar cada día.

El poso del visionado me lleva a la experiencia de este verano en las jornadas de formación de la JEC de Extremadura, con la gestión de las emociones como temática e hilo conductor para el trabajo del grupo de Universidad y Graduados.

Sin mucho tiempo para procesar mi estancia allí, que duró solo un fin de semana, la verdad es que me dejé tocar por la intensidad del tema que se trataba y por el modo de vivirlo de las personas que asistieron y me siento inmensamente agradecido de tomar el pulso a un movimiento de jóvenes como este y comprobar que, sin complejos, se lanzan a la aventura de sentir. 
Sentir y, tal y como ocurre en Inside out, tomar el timón de sus propias emociones para hacer de ellas camino y meta de alegría para los demás.

Cuando me acerco a la vida de tantas y tantos jóvenes, compañeros de este proyecto ilusionante del que hace un año me lancé a asumir la responsabilidad y representación nacional junto con Carmen Ledesma, siento, como Moisés, que se trata de terreno sagrado (“Y descálzate, porque el lugar donde estás es sagrado.” Ex, 3).

Me hace ser consciente de que todos participamos de la debilidad y de las heridas de una  historia personal propia que llevamos tatuada en lo más hondo y que, sin embargo, esto no es impedimento para la apertura del corazón y el deseo de partirse, darse y entregarse para poner todo ese engranaje de emociones al servicio de las causas más bellas y nobles.


Cuando uno se enfrenta a situaciones difíciles de acompañar y siente que se acaba, como diría Silvio, “la palabra precisa, la sonrisa perfecta”, recuerda  nuevamente que siempre son los demás los que dan sentido a nuestra historia, aunque en algunos casos lo único que se pueda hacer sea estar o acompañar fielmente.

Fidelidad, un valor tan a la deriva en esta cultura del consumo del momento. Fidelidad a las personas, fidelidad a los proyectos, fidelidad a los compromisos y a las causas (“No insistas más en que me separe de ti. Donde tú vayas, yo iré, donde tú vivas, viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”, Rut 1).

Y experimentar esto me da fuerzas, como en Inside-out, para seguir integrando todo lo que vivo mientras preparo las maletas para retomar, de nuevo, el viaje.