sábado, 11 de mayo de 2013

Vida de cine



Parece que era ayer cuando soñábamos
fantasías de celuloide acrisolado
al calor de una noche de verano,
maravilla de la infancia en nuestras manos.

Georgia Hale derretía los corazones
buscadores de quimeras olvidadas
en la fiebre de oros muy lejanos.
Y nosotros buscábamos doblones
de tesoros escondidos en la Arcadia,
en la patria de dulces despertares,
que era un patio de aventuras escolares.

Luego Anita se bañaba en la Fontana
a la luz del proyector incandescente.
Era Eros emergiendo entre las aguas,
era magia de un amor adolescente.

Y vinieron los viajes y caminos,
los aromas de los pasos compartidos.
La amistad como bastión inmensurable
y la vida, sueño y cine.                                          
Ya lo sabes.




miércoles, 1 de mayo de 2013

Aprendiendo con calcetines.




Iniciar algo.  Arrancar el motor de un nuevo proyecto.  Abrir , con una mezcla de miedo, recelo y apenas disimulada ilusión  infantil ,  una nueva puerta que, entreabierta, nos seduce y nos hace vibrar  en el continuo deseo de caminar, crecer , conocer, arriesgarnos y  ser felices.
Estar vivos es lanzarnos al mañana con la mirada limpia y la fe encendida, sin miedo a tropezar de nuevo con esa piedra que siempre asoma a la vuelta de la esquina cuando nos disponemos a reemprender la marcha con renovado espíritu.
Necesitamos continuamente pintar horizontes a pesar de que, a veces,  nuestra siembra no germine con los frutos que deseamos. A pesar de que el  fracaso, la decepción y el cansancio nos recuerden de vez en cuando nuestra debilidad y limitación.
En esta mañana, mientras, según me cuentan,  los distintos sindicatos se distanciaban en la manifestación y nuevamente barrían para casa para perderse en discusiones ideológicas y dejar de un lado a todos esos españoles que, sin entender de banderas ni ideologías, se levantan cada mañana sin la posibilidad de realizarse en la dignidad humana del trabajo, yo me dirigía a San Rafael de Olivenza para compartir, con una parte de mi grupo de referencia,  mi Proyecto Personal de Vida y Acción.
            Es lo que nosotros llamamos el PPVA, que no es otra cosa que poner los pies en la tierra para mirar tu vida como algo vivo que palpita con desbordante inquietud pero cuyo timón es necesario agarrar con fuerza y decisión para dirigirla a nuestros deseos y realización más profunda.
En el mundo de hoy en el que tanto se cotizan las sensaciones del momento , las relaciones fugaces y los éxitos profesionales ante la galería, pararte a ver la vida con ternura y sinceridad, desde la relaciones con los demás hasta la economía y tu modo de vivir el ocio, con la palabra cálida de quienes se sienten compañeros de viajes, de gozos y tristezas, no es para menos que sentirse agradecido y abordar con nueva ilusión la aventura de vivir cada día.
Las motivaciones: la opción por los pobres, el servicio o el conocimiento del mundo, con el trasfondo de la seducción de Jesús y sus huellas en la historia.
Y luego, compartir la comida para volver al mundo, al estudio concentrado, al trabajo o al deporte, a la plaza pública, con la mirada renovada  para aprender de todo y seguir, después de cuatro años compartiendo proceso, como un niño, descubriendo, aprendiendo y caminando juntos, con la novedad del presente y la emoción de la primera vez.

lunes, 1 de abril de 2013

Las mieles del fracaso


De los directores de cine a cuyo trabajo me he acercado más últimamente, me ha cautivado con especial interés el americano John Huston. Entre sus obras  destacan algunas de las joyas más singulares del cine negro y de aventuras del Hollywood clásico, relatos plagados de rostros inolvidables con algunos de los fotogramas más emblemáticos y recordados de la historia del séptimo arte.

Una de las ideas más recurrentes de su filmografía es la de la búsqueda fallida. Desde El halcón maltés a El hombre que pudo reinar, pasando por El tesoro de Sierra Madre, Huston nos relata con inusitada belleza y lirismo la historia de personajes  a menudo entrañables y fieles que, cegados por la ambición desmedida ante una empresa ilusionante y arriesgada, se lo juegan todo para alcanzar el éxito y, finalmente, con el cansancio del camino y la amargura del fracaso, el triunfo se les escapa como arena entre los dedos cuando están a punto de abrazar la gloria.


Si bien las películas de Huston buscan mostrar la debilidad y corrupción del género humano en situaciones extremas en las que los personajes abandonan la fidelidad de la amistad frente al deseo incontrolable de conseguir tesoros u ostentar poderes ancestrales, la cuestión del fracaso y el éxito inunda la cultura occidental con implicaciones que atraviesan transversalmente todos los ámbitos de la vida.

Estamos educados para el éxito. Desde el sistema educativo  se nos insta a competir y alcanzar las más altas calificaciones para optar a las carreras con más demanda. Igual ocurre en el mundo laboral,  donde  multitud de personas aspiran a pocas plazas con las calificaciones, los méritos y el expediente como único criterio para decidir quién es más apto para un puesto determinado.

El éxito, a menudo alentado desde los propios hogares donde los padres nos aconsejan  estudiar una carrera que tenga abundantes perspectivas laborales y porvenir, se mide frecuentemente en términos seguridad, bienestar y comodidad pero también de individualismo, soledad y renuncia.

Recuerdo, hace algunos años, en el Ciclo de Conferencias y Conciertos dedicado al ilustre pianista extremeño Esteban Sánchez, a un conocido del artista hablando de él como una persona cercana y apegada a su tierra y a su gente.  El conferenciante confesaba que probablemente Esteban acertó cuando, en la cima de su brillante carrera como concertista internacional, renunció a continuar prodigándose por los escenarios del mundo y decidió volverse a ejercer su magisterio al calor de su Extremadura natal.

Y contaba, como anécdota, que años atrás había coincidido, ejerciendo como taxista, con la gran Alicia de Larrocha, la dama del piano español del s. XX  y ésta había roto a llorar desconsolada al final del trayecto, revelando la soledad en que el frenético ritmo de los conciertos y los viajes continuos la sumían.

Se trata de dos figuras fuera de lo común y de dos maneras de abordar una gran carrera artística pero, en cualquier caso y , más allá del mundo de la música, la cultura y la sociedad alientan a cada individuo al éxito y empujan  y desbordan a muchos a los márgenes del fracaso, con la incomprensión que sufre el que no se ciñe a las reglas fijadas para el juego o no sobresale con la genialidad de los que están arriba.

Y es curioso que, frecuentemente, uno descubre que son las experiencias de fracaso, de tomar conciencia de las debilidades y limitaciones de cada uno, las que más nos hacen crecer y conocernos a nosotros mismos, las que nos hacen más humanos. Y en ese conocernos y reconocernos a menudo surge el encuentro con otros.

Y  también es curioso que muchas veces los más felices no parecen ser los que despuntan en los podios sino los que saben trazar un camino alternativo con la confianza de la autenticidad y el riesgo de remar a contracorriente.



lunes, 25 de marzo de 2013

Destellos de alma y corazón




Hace algunos meses, en un encuentro de la Juventud Estudiante Católica,  asociación juvenil y eclesial a la que pertenezco , tuve la oportunidad de disfrutar de una charla con Carlos Chana, el sacerdote encargado de acompañar a nivel nacional a los jóvenes de la JEC, en la que me hablaba de la tesis que se encontraba elaborando.
Me comentaba que se trataba de un trabajo acerca del pensamiento de un teólogo que tenía, entre otras, la idea de que “Dios es exceso”.
La frase me chocó bastante en un principio y pronto Carlos se apresuró a explicarme de qué se trataba: Dios es exceso significa que Dios es un lujo, un privilegio  o un regalo que hemos recibido los que somos creyentes.
La conversación me interpeló bastante y no he dejado de rumiar esa idea en mi interior desde entonces.
Efectivamente, Dios no es una necesidad para el hombre. Hay muchas personas que viven, sienten, luchan y se entregan con planteamientos vitales de enorme riqueza sin la necesidad de poner  la religión en un lugar preferente.
Sin embargo, los que hemos descubierto este “lujo” de Dios, disfrutamos el privilegio de leer nuestra vida en clave de esperanza y alegría, advirtiendo el Evangelio no en nociones abstractas y metafísicas, sino en las señales que el día a día nos regala con nombres, personas y experiencias. Es, al fin y al cabo, la sensibilidad para percibir la belleza y la esperanza en cada hecho cotidiano.
El mundo de la música, que es ahora la parcela académica en la que me muevo, si bien lleno de sacrificio y competitividad, también sabe mucho de esta sensibilidad, de la capacidad del hombre de crear, transmitir y emocionarse y nos  revela, como el Evangelio, destellos de alma y corazón en cada emoción y cada gesto de las personas que vibran, se alegran y se entristecen con este arte bello y misterioso del sonido.
Un par de meses atrás, yendo de camino a casa con mi amigo y profesor Santiago, tras la clase semanal de clave y bajo continuo, conocí a Gaspar, melómano apasionado y miembro de la Sociedad Filarmónica de Badajoz.
            Santi me habló de él, de su insaciable inquietud por la música, su deseo continuo de encontrar y conocer personas con las que compartir su pasión y su inagotable ilusión por aprender y aportar a los demás.
Rápidamente conectamos por las redes sociales, lugar de encuentro lleno de posibilidades, donde él solía compartir música, además de contactar con personas con similar inquietud y sensibilidad hacia el arte.
Seguía con detenimiento todos los eventos de la actividad musical de Badajoz (no sólo los organizados desde la Sociedad Filarmónica),  elogiando el trabajo de los profesores y los alumnos del Conservatorio y defendiendo la música como una riqueza cultural de insustituible valor.
El martes pasado vi a Gaspar en la Iglesia de San Agustín a la que, tras intensas jornadas para sacar adelante del Ciclo de Música Sacra, asistía para el Concierto de Clausura de las III Jornadas Extremeñas de Orquesta Barroca.
Estaba embargado por la emoción y expectante ante la asistencia al evento y me confesó que le había maravillado ver las fotos de nuestros ensayos, a las que tan sólo les faltaba el sonido para cautivarle por completo.
Desgraciadamente, Gaspar ni siquiera pudo escuchar los acordes iniciales del monográfico de Mozart. Durante los agradecimientos emocionados del comienzo del concierto un problema de salud le sobrevino de manera súbita y repentina y lo mantuvo en estado crítico durante toda la última semana.
Hace un par de días, para conmoción de sus familiares y amigos cercanos del mundo musical pacense, terminó su lucha.
Y yo, que tan sólo había compartido con él un par de ratos de conversación rica y calurosa desde que lo conocía, a pesar de la tristeza por el dramatismo y la rapidez de su partida, me sigo empeñando en esa manía de leer creyentemente y con esperanza los acontecimientos y al final acabo con un sentimiento de agradecimiento por el lujo de haberlo conocido y pienso que, a pesar de la muerte, persiste la vida en las personas que nos iluminan a los demás con destellos de sensibilidad y se desbordan, como dice Nuria, con la belleza de la vida.

viernes, 15 de marzo de 2013

El ánfora vacía



En el Sínodo para La Nueva Evangelización celebrado en octubre del pasado año, los obispos empleaban una metáfora de  enorme belleza y sugerencia para ilustrar el retrato del mundo actual y el desafío de la Iglesia ante él: “La samaritana con el ánfora vacía es la imagen del hombre contemporáneo, que tiene sed y nostalgia de Dios y al que la Iglesia debe dirigirse para hacérselo presente”.
No había pasado ni medio año desde entonces y los cristianos y no cristianos del mundo nos sorprendíamos con la renuncia del pontífice Benedicto XVI. Aquel papa de imagen tan recia y conservadora, cuya elección fue una gran decepción para aquéllos que soñábamos con un cambio en la Iglesia tras el largo pontificado de Juan Pablo II,  ahora se retiraba,  mostrando, en el cansancio del cuerpo y el espíritu, la debilidad humana de manera tan natural como humilde e incluso conmovedora para algunos.
Con una imagen cuyo deterioro se agrava con la cobarde resistencia a abrazar las realidades de la mujer y su dignidad, la realización de la dimensión sexual del hombre y el amor homosexual, así como con las continuas revelaciones de escándalos de pederastia, la Iglesia, tiene, a pesar de todo, el privilegio y la responsabilidad de hacer al mundo escuchar y ver la Palabra de Jesús, que hoy , más que nunca, resuena en las paredes agrietadas de esta realidad en crisis con renovada ilusión y vigencia y no precisamente entre los ampulosos desfiles de la jerarquía y la Curia Vaticana.
Hace un par de días, contra todo pronóstico, saludaba al mundo el primer papa latinoamericano de la historia  y sorprendía por su disposición humilde al escoger sus atuendos y al pedir al Pueblo de Dios la oración para él en lugar de lo contrario.
Hay quienes se apresuran  en rescatar informaciones sobre las nada claras relaciones del cardenal Bergoglio con la dictadura argentina y su férrea oposición al matrimonio homosexual ( ¿Realmente alguien espera que haya algún prelado a favor?) y otros, por el contrario, alaban la humildad del Papa Francisco, un hombre que viaja en transporte público, renuncia a residencias oficiales de lujo y lucha por los derechos de los más desfavorecidos.
Aún me parece pronto para valorar a nuestro nuevo Pontífice, tanto positiva como negativamente, pero reconozco que no me desagrada en absoluto que sea una persona que piense y sienta en la lengua de Córtazar y Cervantes, que sea jesuita y que tenga  una importante inquietud social .
En cualquier caso, la gran pregunta quizá sea  ¿Qué es lo que la Iglesia tiene que ofrecer hoy al mundo y al hombre contemporáneo? Un hombre que tiene sed de encuentro (las redes sociales y los medios de comunicación dan cuenta de ello) y también de trascendencia, o mejor dicho, de sentido, ante el fracaso del sistema capitalista y una globalización que extiende sus redes con muchas posibilidades, pero también con grandes peligros.
Si volvemos la imagen a la samaritana y al ánfora vacía, recordaremos que para Jesús el encuentro no es algo azaroso ni fortuito: Jesús sale al encuentro premeditadamente para calmar y colmar de sentido y dignidad la vida del hombre.
Esperemos que Francisco sepa impulsar la renovación de una Iglesia que mire más al Pueblo de Dios y a las heridas del mundo que a las estolas y los confesionarios, que pronuncie palabras de acogida y no de condena, y sepa prolongar, con rostro de alegría y compasión, la acción revolucionaria de Cristo en la historia.


viernes, 25 de enero de 2013

La barbarie ibérica


Hace unos meses tuve la ocasión de disfrutar del inmortal drama Luces de Bohemia en una representación en el Teatro López de Ayala de Badajoz.
El retrato, hiperbólico e incisivo de la sociedad de principios del XX, pasado  por el filtro del esperpento, daba cuenta del panorama de una España de convulsa actividad política, reivindicaciones sociales y un sentir latente de hastío ante la decadente deriva de un país sumido en los prejuicios de sus tradiciones y corsés e incapaz de mirar más allá de sí mismo.
Cuando el viejo poeta, encarcelado en un calabozo por agitar, ebrio ,el ambiente durante la noche junto a unos manifestantes, entabla conversación con su compañero de celda, le pregunta acerca de los motivos de su encarcelamiento:
“Es cuento largo. Soy tachado de rebelde…No quise dejar el telar por ir a la guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamando de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso.
Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que tienen  a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!
Max.-Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.”

La barbarie ibérica. No le falta vigencia al calificativo para retratar el esperpéntico espectáculo al que asistimos cada día en nuestro país.
Hay quienes pretenden seguir reduciendo el escenario de nuestra España actual al caduco cuadro de las dos Españas, aun cuando, a estas alturas de la película, los conceptos de la izquierda y la derecha se han desvirtuado y han perdido toda honestidad ideológica bajo una casta de políticos aferrados al poder y más preocupados por perpetuarse en la función pública el máximo tiempo posible y allanar el camino para su posterior retirada, legislando y cultivando amistades con el mundo de la banca y la empresa privada para garantizarse una privilegiada posición.

Cuando la indignación se convierte en rutina quizá deberíamos empezar a preocuparnos por lo crónico de los males que este país padece.
La implicación de altos cargos de la política estatal y autonómica en escándalos de corrupción , fraudes y despilfarros desorbitados ha dejado, hace tiempo, de ser noticia eventual y sorprendente en los periódicos y telediarios. Es el pan de cada día de una sociedad que se lamenta de “haber vivido por encima de sus posibilidades”.
Hay gente osada que compara esas estafas millonarias de quienes viven a cuerpo de rey a costa del dinero público con ese mecánico que nos pregunta si queremos que nos cobre o no “con factura” o con el estudiante que, habiendo recibido beca, trabaja los fines de semana para sacar algo de dinero para ahorrar o, porqué no, para irse de fiesta.
Pues , como decía Valle Inclán, la barbarie ibérica es unánime.
Las diferencias entre unos y otros son sustanciales pero, en cualquier caso, no dejan de llamarme la atención esos miles de españoles que, eso sí, pasando por el aro de una ley electoral tremendamente injusta y excluyente, avalan una y otra vez en las urnas a políticos que bendicen la corrupción y el fraude y aprietan cada vez más a los más desfavorecidos, desplegando discursos paternalistas y desviando responsabilidades y culpas a gestores anteriores.
La ética y el poder firmaron su divorcio hace bastante tiempo y, sin embargo, la estética de los que lo ostentan se mantiene con plena vigencia.
A pesar de que unos y otros agachen la cabeza ante el devorador neoliberalismo económico, hay ciertas “etiquetas” que siguen siendo marca registrada de los de uno y otro lado.
Así, parece ser que la familia es patrimonio exclusivo de la derecha respaldada por la jerarquía eclesiástica más recalcitrante. Y, por supuesto, se trata de una familia tradicional donde no tienen cabida la homosexualidad, los divorcios, las separaciones y demás evidencias de “debilidad humana”.
También es privilegio genuino de lo mismos la defensa de la vida  y el apego y orgullo de sentirse españoles frente a los pobres desarraigados de la patria de la izquierda.
En lo alto de la pirámide los cada vez menos “populares” y los que se siguen definiendo como “socialistas y obreros” se reparten el pastel y se siguen tirando los platos a la cabeza cada día, mientras 6 millones de personas que quieren trabajar y no pueden seguramente siguen sin entender en qué se diferencian los rojos de los azules, más allá de los "privilegios" antes mencionados.
Y yo me resisto a seguir pensando que la sombra de la historia y los prejuicios del pasado sean tan grandes que nos impidan ver la realidad con otros ojos, aunque a uno le cueste creer que llevemos más de cien años sin aprender de nuestros errores…


"Este país no tiene remedio, aunque me esté mal decirlo en mi calidad de extranjero. Existen dos grandes partidos, en el sentido clásico del término, que son el conservador y el liberal, ambos monárquicos y que se turnan con amañada regularidad en el poder. Ninguno de ellos demuestra poseer un programa definido, sino más bien unas características generales vagas. Y aún esas cuatro vaguedades que forman su esqueleto ideológico varían al compás de los acontecimientos y por motivos de oportunidad. Yo diría que se limitan a aportar soluciones concretas a problemas planteados, problemas que, una vez en el gobierno, sofocan sin resolver. Al cabo de unos años o unos meses el viejo problema revienta los remiendos, provoca una crisis y el partido a la sazón relegado sustituye al que le sustituyó. Y por la misma causa. No sé de un solo gobierno que haya resuelto un problema serio: siempre caen, pero no les preocupa porque sus sucesores también caerán.
En cuanto a los políticos, desaparecidos Cánovas del Castillo y Sagasta, nadie ha ocupado su puesto. De los conservadores, Maura es el único que posee inteligencia y carisma personal para disciplinar a su partido y arrastrar a la opinión pública tras él, al menos, sentimentalmente. Pero su orgullo le desborda y su tozudez le ciega. Con el tiempo crea distensiones internas y enfurece al pueblo. En cuanto a Dato, el hombre de recambio del partido, carece de la necesaria energía y le cuadra el apodo que le aplican los mauristas despechados: "el Hombre de la Vaselina".
Los liberales no tienen a nadie. Canalejas se quemó en salvas que decepcionaron a todos hasta que un anarquista le voló los sesos ante el escaparate de una librería. Los liberales, en suma, se sostienen sobre la única baza del anticlericalismo, recurso que surte un efecto popular, facilón, inútil y breve. Los conservadores, por el contrario, aparentan ser beatones y capilleros. Así ambos halagan los bajos instintos del pueblo: éstos, la blandura sensiblera católica; aquéllos, el libertinaje anarquizante.
Dentro de los partidos, la disciplina es inexistente. Los miembros se pelean entre sí, se zancadillean y tratan de desprestigiarse los unos a los otros en una carrera disparatada por el poder que perjudica a todos y no beneficia a nadie.
Estos dos partidos, sin base popular y sin el apoyo de la clase media moderada, están condenados al fracaso y conducirán al país a la ruina."

Lepprince a J. Miranda allá por el 1918 (La verdad sobre el caso Savolta , Eduardo Mendoza)










viernes, 11 de enero de 2013

La cirugía del tiempo



Cumplir años,  comernos las uvas, arrancar páginas de un calendario o desechar agendas vencidas  son signos que nos hacen  tomar conciencia del paso del tiempo, de nuestro paso por el tiempo y, también, del paso del tiempo por nosotros.
Desde antiguo, el tiempo ha sido una de las obsesiones del hombre  ante el anhelo innato de trascender, de perpetuarse o de ir más allá de una existencia que sabemos que es finita y limitada.
Los cánones de belleza cambian en cada cultura, en cada época y, sin embargo, todos los imaginarios, todos los pensamientos y todas las estéticas asocian la belleza  humana a la juventud, como estado de plenitud,  vitalidad y amor desbordante.
El tópico del Carpe Diem en la literatura y en manifestaciones artísticas de diversa índole nos invita al aprovechamiento del esplendor pasajero de la juventud y de lo genuino e irrepetible de cada momento antes de que el tiempo con su implacable discurrir nos robe la gloria y la belleza dorada.
Hace unos días, una escena de una película con enorme fuerza emotiva me despertaba la reflexión sobre el paso del tiempo,  el sabor amargo de envejecer y la nostalgia del pasado.
Se trataba de Intervista, de Federico Fellini, en la que el maestro nos abría las puertas de sus estudios, en el crepúsculo de su carrera, para hablar y retratar su trabajo cinematográfico.
En un momento de emoción y calidez familiar, Fellini se presenta, acompañado del marchito galán italiano Marcello Mastroianni, disfrazado de prestigidator, en la casa de la exuberante Anita Ekberg, junto a la que protagonizó muchos años atrás La dolce vita.


Marcello, con un simple truco, hace volver “los bellos tiempos del pasado” trayendo al lugar el momento mágico del encuentro entre ambos en la Fontana di Trevi.
Anita y Marcello, ya maduros pero aún con el encanto embriagador de antaño, se emocionan ante la escena. Cuando Marcello repite las palabras que le dedica a la musa en aquella noche parece que la escena tiene lugar de nuevo y, sin embargo, la magia se rompe rápidamente cuando le dice “¿Tienes un  licorcito?”
Caemos en la cuenta de que aquel momento es irrepetible y  es imposible volver a él y, sin embargo, es eso precisamente lo que lo hace inmortal, eterno, imperecedero…
El tiempo, como arena que desaparece entre los dedos, pasa rápido y, a pesar de que evitemos pensarlo,  su discurrir nos dibuja con una cirugía silenciosa las huellas de la experiencia, la fatiga de los pasos y el regusto de los recuerdos.
A mis 22 años recientemente cumplidos no es un tema que me quite el sueño ni que me inquiete en exceso, pero no puedo evitar reflexionar sobre ello cuando me relaciono con personas mayores y las contemplo en la serenidad del ocaso.
Y ante esa realidad que nos azota día a día en la que vemos a nuestro alrededor tantas muertes tempranas por accidentes de tráfico y agresivas enfermedades que asolan a personas jóvenes, también siento el agradecimiento  y la alegría de los que, con la mayor parte del camino de la vida recorrido, disfrutan,  contemplando con sosiego el fruto de lo sembrado a su alrededor y viven en la confianza de los suyos sin las preocupaciones sobre el futuro (trabajo, estudios, familia, economía…) que  nos agitan a los más jóvenes.
Mirando a mis abuelos comprendo el sentido de ese tiempo que atesora vida en abundancia y nos brinda a los demás la presencia viva y tierna del que, en su entrega a los demás,  recibe y regala la felicidad más plena.